La crisis mundial de los alimentos está ligada a los altos precios del petróleo. Para aliviar la pesada carga que impone un petróleo cada vez más caro los países quieren producir agrocombustibles en vez de alimentos. Esto es muy preocupante ya que, de continuar esta tendencia, los precios de los alimentos continuarán aumentando y se incrementará el hambre en el mundo.
La crisis mundial de alimentos es uno de los temas más preocupantes porque un número creciente de países está sufriendo por la falta de alimentos y, ya en Etiopía el espectro de la hambruna ha vuelto a resurgir. Las revueltas por los precios de los alimentos se han multiplicado sobre todo en países africanos y asiáticos.
Para enfrentar esta emergencia, recientemente se realizó una Conferencia mundial sobre Seguridad Alimentaria: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía, organizada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura FAO en Roma, a la que asistieron buena parte de los que toman las decisiones que rigen nuestros destinos. Si bien esta reunión, como suele suceder con estas Cumbres, no llegó a acuerdos importantes, reflejó las diferentes posiciones sobre el tema, que básicamente están divididas entre los que defienden y apoyan a los agrocombustibles, y los que consideran que su creciente producción es la causa de los altos precios de los alimentos.
Los agrocombustibles han generado el rechazo de muchos sectores porque es fácil comprobar que la creciente superficie de tierra dedicada a la producción de los mismos va en detrimento de la producción de alimentos.
En el frente de los defensores de los agrocombustibles, en la mencionada reunión, uno de los mayores exponentes ha sido Lula, quien protestó: “es temible ver intentos de establecer una relación de causa a efecto entre los combustibles y el aumento en los precios de los alimentos… Me ofende ver que se alcen dedos acusadores contra la energía limpia de los biocombustibles, dedos manchados de petróleo y carbón”. Pero estas dramáticas palabras no están bien fundamentadas por los siguientes motivos
En primer lugar, si bien biocombustibles generan menos emisiones que otros derivados del petróleo, no son tan limpios como parecen porque hay que considerar todo el proceso productivo. Si hablamos del etanol que se produce de caña de azúcar en relación al que proviene del maíz, es más eficiente en términos energéticos, por que requiere menos superficie de tierra para producir la misma cantidad de energía.
En contrapartida la caña de azúcar esquilma la tierra, mientras que el maíz más afecta menos a los suelos. Por otra parte, la práctica más común en los países que producimos caña de azúcar en Latinoamérica es quemar los cañaverales para facilitar la zafra. Esta práctica es muy dañina para la atmósfera porque emite grandes cantidades de humo (CO2) y cenizas, que además de contribuir al calentamiento global, afecta la salud humana y también contamina las aguas.
Lula ofreció eliminar la práctica de quema de cañaverales, no obstante, sólo en algunos lugares donde existen biodigestores se la ha eliminado, pero todavía la mayor parte de los cañaverales brasileños continúan siendo quemados. Es así que el etanol de caña no es tan limpio como se lo quiere presentar. Además en el proceso productivo del etanol genera residuos que frecuentemente llegan a los ríos aunque las empresas productoras tienen la obligación de contar con plantas de tratamiento de sus aguas residuales.
Si bien los agrocombustibles, no son el único factor que está generando la crisis alimentaria, es uno de sus principales. Pero la tendencia a producir cada vez más agrocombustibles no parece que se vaya a revertir, sobre todo, porque el precio del petróleo va a seguir aumentando, en la medida en que su producción no se incrementa en la medida que lo hace la demanda. Por ello, sólo una moratoria a los agrocombustibles podrá poner freno a la creciente carestía de alimentos.
En tanto no se llegue a un acuerdo sobre el tema, tenemos que estar bien concientes que Bolivia es muy vulnerable en términos de seguridad alimentaria y que necesitamos hacer todos los esfuerzos para dar un impulso muy fuerte a la producción de cereales, y de trigo en particular.
Teresa Flores Bedreal